La libertad del ser-no-hacer: Vida contemplativa, un elogio de la inactividad

La naturaleza humana y la inactividad

En la época contemporánea, todxs nos definimos casi inexcusablemente por aquello que experimentamos respecto de nuestra ocupación/profesión/trabajo, o de lo que podemos accionar. Nos hemos condicionado a la autoexplotación y, bajo esta condición de animal laborans que aprendimos a raíz del capitalismo, nos acostumbramos también a su ritmo frenético, a lo inmediato y efímero. Sin embargo, en medio de todo este ruido perdemos consciencia de nosotros mismos.

Todo se hace con un objetivo, una finalidad.

Por el contrario, el autor considera que la verdadera naturaleza de lo humano (humanum) es lo inactivo. Señala que, de hecho, la finalidad del accionar es llegar a una contemplación inactiva, una vez culminada la acción. La espera, el dormir y el descanso, el “no-hacer-nada” sin un objetivo concreto, son formas de experimentar, en sus palabras “el esplendor de la existencia humana”.

Contrario a como lo definiría la perspectiva capitalista, lo inactivo no es “actividad vacía”, pues esto le confiere la cualidad de inútil, improductivo, tiempo muerto. No; hablamos de un tiempo vivo que no está supeditado al orden de la producción. Comprende lo inactivo como algo sublime, cargado de significado silencioso. 

Pero, entonces, ¿podemos decir que aún existe el tiempo libre bajo el orden capitalista?

Visité este imponente templo en Tailandia en 2023. Fue una experiencia inolvidable, me hizo recordar por qué la meditación es un acto tan espiritual y humano. Creo que es una de mis formas favoritas de contemplar.

La contemplación versus la acción – ser o hacer

En este sentido, al convertirnos en hacedores, nos olvidamos cada vez más de cómo ser. Y lo curioso es que aquello que nos permite ser en su máxima esencia es la contemplación.

Meditar, por ejemplo, sin un propósito, ejerciendo la atención plena, es una de múltiples formas de contemplar. 

La digitalización contemporánea, lejos de fomentar la contemplación, nos aleja de la misma. Volviendo el ser algo mucho más eventual y pasajero, incluso si su naturaleza es existir y desenvolverse en la pausa, en lo que toma tiempo.

A pesar de que los humanos somos también animal narrans y construimos nuestra conciencia colectiva a través del relato, nuestra actual falta de ser aparece por el deterioro y desvanecimiento de los relatos: la verdad, la historia, los símbolos se ven desdibujados por la avalancha de información digital que no siempre construye relato, sino que es más bien aditiva. 

El festejo y la fiesta vendrían siendo la mayor expresión de la contemplación humana: una celebración no tiene otra finalidad que la de ser en compañía de los otros, las otras y les otres. Además, nos dotan de identidad cultural, de una narrativa, un relato compartido. Y la escasez o abandono de las celebraciones se ve reflejada directamente en lo que Han llama “absoluta falta de ser”.

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