Salí a mirar el jardín un rato.
Flotaba entonces una nube cuasi blanca, cuasi gris,
sobre un cúmulo de edificios en la gran ciudad.
Aquella nube parecía paloma
y parecía lobo con el hocico abierto.
No sé muy bien qué sentir.
A momentos se me estruja todo,
a momentos escondo la mirada
en lo anodino de los vidrios
que engalanan las fachadas
de los corporativos.
A momentos me quiero tender sobre el pasto
y solo dejar que me desolle el viento frío
y la lengua del gato negro
que hace su rondín cotidiano.
Ya no hay más a dónde ir.
Solo estoy aquí contemplando
la fatiga de mi jornada
cuando he de negociar con mis desvaríos
para no encerrarlos en salas de reuniones
y que entonces
quizá reconozca
que, de hecho, sigo viva.
Escrito el 20 de abril de 2026.
Por Alian, un alien curioso, un alien de ciudad.



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