El ocaso de mis 24 años

¡Hey, hola queridx visitante de la Tierra!👽💮✨

Espero que los últimos días de marzo sean gentiles contigo.

He estado dando muchas vueltas en mi mente estos días. Siento que el tiempo avanza mucho más rápido, y no me alcanzan las 24 horas para hacer todo lo que quisiera. Entre el trabajo, este pequeño blog y mis estudios (porque sí, estoy haciendo dos diplomados) no hay demasiado espacio para detenerme a escribir un diario. Por eso, esta sección llamada Bitácora del Alien es como un diario ocasional. 

Ya estamos a 23 de marzo. Sin darme cuenta, ya estoy a menos de una semana para cumplir 25 años. VEINTICINCO. Así, nada más. 

¿Cómo es que ya he vivido 25 años? No lo puedo creer. 

Ya han pasado 10 años escuchando k-pop.

9 años siendo NCTzen.

9 años aprendiendo coreano (aunque a veces de manera intermitente).

También 9 años de amistad con mis amigas de la preparatoria. Mis amistades más largas hasta la fecha.

1 año y medio trabajando en mi actual empleo, en marketing.

2 meses de noviazgo formal, aunque ya nos conocíamos desde hace 2 añitos.

Y. Un. Chorro. De. Conciertos.

Hay una screenshot donde se ve la lista de conciertos a los que he ido desde que comencé a asistir en 2016, mira: 

A estos vamos a sumarle el SMTOWN, Jeff Satur, Super Junior y la Sinfónica de los Caballeros del Zodiaco en 2025, y al menos 5 transmisiones de conciertos de los NCT en el cine.

Un hermoso total de 32 conciertos. WHAAAAT?

Cuántas cosas han pasado.

Verdaderamente vivo para y por el escenario.

Cuando dimensiono todo lo que he vivido, lo que ha cambiado para ser y para no ser, me sorprendo. Me impresiona descubrir que en realidad he estado viviendo, incluso en los momentos en que no percibía que hubiese algo importante ocurriendo. 

En mis 24, me he dedicado a reflexionar sobre lo que significa mi misión personal de vida. 

No estoy diciendo que esta misión me haya sido “asignada” o que haya tenido una revelación divina. Simplemente, un día cualquiera a mis 16 años elegí con plena conciencia que mi vocación sería la de comunicar. Ser un puente entre personas, culturas y almas.

Pero en el transcurso de los últimos dos años, me percaté que mi visión sobre lo que significa “comunicar” me limitaba. Porque yo asumía que solo podía comunicar bien de una sola forma: a través de los idiomas, como traductora e intérprete. Y lo asimilé así por años porque consideraba que era mi único talento, lo único en lo que de verdad destacaba y me diferenciaba.

Con el ingreso a mi primer trabajo formal, pude ver algo más: yo SIEMPRE estuve comunicando de muchas otras formas. Había olvidado que mis sueños cuando era niña eran con el escenario. Me ponía frente a un micrófono de papá que teníamos en casa, lo acomodaba frente a la televisión y pretendía ser como Laura Pausini. Me divertía cuando teníamos presentaciones de baile en la primaria. Soñaba con viajar a Italia y le gritaba a los aviones que me llevaran.

No sé en qué momento olvidé todo eso. Creo que me concentré tanto en la parte lingüística que lo enterré en mi memoria. 

Ahora puedo responderme a mí misma y afirmar que, en efecto, mi misión personal sigue siendo comunicar. Es decir, expresarme de todas las formas posibles, verbales y no verbales: con la prosa, el verso, la danza, la música y las lenguas extranjeras. Con dibujos, con imágenes, con un telescopio, con ganchillo y estambre…Todo es comunicación.

Entonces, me parece que en mis 24 logré comprender la esencia de mi vocación: COMUNICAR con mayúsculas. Ser la inspiración, el faro que ilumina el camino para otros, otras y otres. Empujar mis propias puertas y, si no abren, entonces dibujar una completamente nueva en el suelo y abrirla con mis propias manos. Ser rebelde a mi manera: con ternura, paciencia y empatía. Ser rebelde con mis palabras y mis silencios. 

Así que yo, Alian, comunico.

Por eso existe el blog del Alien Curioso. Aún tengo mucha guerra que dar, mucho que decirle a este mundo.

También he contemplado la increíble e inmaculada manera en que soy la manifestación de las verdades de mis padres. 

Mamá es teatrera y profesora (pero más teatrera, a mi parecer). Fue una joven risueña, escandalosa e independiente. A los 21 fue misionera; cambió de creencias radicalmente, del cristianismo al budismo; viajó a Rusia y a Chile en su juventud. La veo trabajar de sol a sol desde mi infancia, y es el vivo ejemplo de que las mujeres podemos dirigir. Es valiente, rebelde y jamás pasa desapercibida. Mamá es mi emoción por descubrir la vida, mi pasión, mi espiritualidad y mi deseo de crear.

Papá fue periodista primero y profesor después, aunque se enamoró de la vocación docente. Solía prender la televisión como ruido blanco, escribir en la computadora de nuestra casa y encender el reproductor de música. Caifanes, U2 y una que otra canción de rock en inglés…todo eso era papá. Mientras vivía, me amó y me animó a arriesgarme y apostar por lo que quería construir. Era elocuente, conversador y de espíritu ligero. Papá es mi pluma, mi sonrisa fácil y mi curiosidad. 

Sin darme cuenta he seguido sus pasos. Ahora soy yo quien escribe y juega a ser bloguera y poeta…soy yo quien viaja, quien cree y quien baila mientras canta Viento un sábado de lavar los trastes.

A mis casi 25 años, soy mi padre y mi madre a la vez. Al mismo tiempo, soy alguien completamente diferente: soy yo por mí misma.

He crecido muchísimo, ¿no te parece?

Sé que solamente me has conocido a través de estas letras, en este espacio del internet. Y sé que comencé a compartir mis pensamientos apenas en julio de 2025. 

Pero, vamos, ¿no te da la impresión de que soy un poco más que ayer?

¡Que venga una nueva primavera a mí, y coloree todo de sol dorado a su paso!🌞 Mientras haya algo que decir, seguirás teniendo noticias mías por aquí. 

Nos leemos en la siguiente entrada 😀.

Con cariño,

Alian. Un alien curioso, un alien de ciudad.


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