4 cuentos de Sci-Fi que me dejaron pensando

Este es el favorito de mi hermana. Lo leí hace muuuucho tiempo, así que me vi en la necesidad de leerlo de nuevo para refrescar mi memoria. 

A diferencia del resto de cuentos en este post, No tengo boca y debo gritar tiene un tinte más thriller, más distópico. Es imaginar hasta dónde puede llegar una máquina, en el peor de los casos.

Cuando comienzas a leer, no conoces el inicio de la historia, sólo el “ahora”. Un “ahora” en el que Ted, el protagonista, y otras cuatro personas están en una constante lucha por sobrevivir…sólo que, en realidad, no pueden morir. Están atrapados en el interior de AM, una supercomputadora creada durante la Tercera Guerra Mundial, consecuencia de la Guerra Fría. Aunque su propósito original era dirigir ejércitos y existían otras AM, una de ellas cobró consciencia de sí misma y decidió exterminar a los humanos.

Entonces, ¿por qué AM decidió conservar a solo cinco personas y hacerlas inmortales? Fácil: por el profundo odio que siente hacia los humanos. Así que Ted y sus compañeros ahora viven en constante estado de alerta, en pésimas condiciones, siempre sufriendo las travesuras mortales de la máquina, a sabiendas de que no morirán. Una tortura infinita.

El autor nos hace pensar, a través del terror psicológico, en qué pasaría si el ser humano realmente se volviera inmortal y conviviese eternamente con las máquinas.

Hasta la fecha, los gobiernos e instituciones sostienen la ilusión de que tenemos el control sobre los avances científicos y tecnológicos, su alcance y sus consecuencias a largo plazo…pero, a mi parecer, no es así. Y creo que Ellison pensaba similar. 

Podemos crear e innovar, pero ¿de verdad podemos asegurar que lo que creamos evolucionará en la dirección que esperamos? De un modo u otro, somos los principales responsables de nuestra propia destrucción y decadencia, así como del perecimiento del planeta que habitamos. 

Creo que, a pesar de todo, somos inconscientemente conscientes de cuán poderoso es el conocimiento en nuestras manos, y cuán inestable es al mismo tiempo. En esa medida, tememos que nuestras creaciones un día nos aniquilen: la guerra, y la tecnología.

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