¡Hey, humanitx!
Tu alien favorita está de regreso 👽 tal como lo prometí, jejeje.
Esta semana apenas comenzó, pero ya puedo sentir cómo el tiempo avanza con prisa. Los días y las noches alternan sin mi permiso, y se me va la tarde sentada en mi escritorio de la oficina…pero aquí estoy, soñando con la Alian de mañana.
Afortunadamente (o desafortunadamente, no lo sé), no soy la única que vive preguntándose cómo será el mundo en unos años. La humanidad siempre ha sentido una incómoda mezcla de atracción y miedo por lo que desconoce y no puede controlar, como el futuro. Por eso, me encanta la ciencia ficción.
Hay algo mágico en el universo y sus misterios que me es imposible describir. Me hace recordar que, de hecho, somos minúsculos y finitos ante la longevidad de millones de galaxias. Y que, por eso mismo, en perspectiva nada me parece completamente imposible.
¡Estamos en marzo!🌺 Hace unos días tuvimos un eclipse total de Luna, y mi cumpleaños se acerca a finales del mes. La sensación de que el pasado se quema y mi futuro viene por mí es inminente, pero no me da miedo. Al contrario, estoy emocionada por saber qué ocurrirá más tarde.
Con estas reflexiones dando vueltas en mi cerebro, quiero contarte un poco sobre cuatro cuentos de ciencia ficción que me encantan -o me perturban- mucho. ¿Estás listx para dejar volar tu imaginación?
El pasado ha muerto, de Isaac Asimov
Uno de los primeros cuentos de Asimov que leí, gracias a que uno de mis primos me prestó amablemente un tomo de los Cuentos Completos de este célebre autor. En esta historia, un profesor e historiador llamado Arnold Potterley intenta continuar con su investigación sobre el antiguo reino del Cártago, mismo al que desea desmitificar, y considera que la única manera de lograrlo es a través de la rinoscopia: una rama de la ciencia que estudia la relatividad del tiempo y, con ello, explora las posibilidades para ver el pasado a través de un aparato llamado cronoscopio. Aunque todo parece estar en su contra, se aferra a su esperanza cuando conoce al novato Jonas Foster, un profesor auxiliar de Física quien, de algún u otro modo, se ve intrigado por las ideas y principios de Potterley, y sucumbe ante la curiosidad por encontrar respuestas.
En un mundo donde se plantea que los gobiernos son la máxima autoridad de gestión y aprobación de la investigación científica, este cuento invita a reflexionar sobre el papel de la curiosidad y la capacidad del ser humano para ser multidisciplinario: ¿Acaso es más conveniente tener una noción amplia de diversas áreas, o es mejor ser ultra-especialista en un solo tema? ¿Realmente es necesario tener un título universitario para ser un profesional? ¿Este mismo papelito nos obliga a especializarnos en una disciplina y una solamente?
Resalto estos puntos porque son preámbulo de una conversación que he sostenido anteriormente con personas cercanas a mí; a veces siento que el mundo no está hecho para las personas que tienen múltiples intereses o potencial de desarrollo en dos o más áreas de estudio, porque el mundo laboral prefiere que seamos muy buenos en una sola cosa, a que sepamos bastante de varias otras. La manera en que los personajes siempre tienen presente la figura del gobierno castigador, que los sancionará si descubre que han explorado otra ciencia que no es la que corresponde a su formación académica, me dejó perpleja. En este contexto, aquellos que se atreven a saciar su curiosidad son anarquistas intelectuales.
Otra pregunta muy profunda que explora Asimov en su obra es si realmente sería bueno que los humanos pudiésemos tener acceso al pasado y revivirlo, aunque sea virtualmente. De hecho, se responde a sí mismo haciéndonos ver que el pasado comenzó hace un segundo, mientras tú leías esto que escribí, y cualquiera que pudiese tener acceso al pasado sería capaz de ver y saber qué es lo que hacías hoy, ayer, hace una semana y hace un año, y podría consultarlo en cualquier momento sin que tú pudieras hacer algo al respecto.
“Después de todo, el pasado muerto no es más que el presente vivo”.



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